jueves, 16 de febrero de 2012
"El bosc de ses fades"
Un viento huracanado barrió los tiznados adoquines, el cielo estaba revestido de un manto de obsidiana sumiendo la ciudad entre tinieblas. Abotoné mi abrigo con premura y me enfundé una gorra de lana que distorsionó, por ensalmo, mi identidad. Los truenos irrumpieron tras una tormenta eléctrica que resquebrajaba la oscuridad reinante. Rostros anónimos se refugiaban ávidos bajo los alféizares de portales y comercios que hallaban a su paso. Los mimos y vendedores callejeros recogieron sus pertenencias y abandonaron sus puestos furibundos. Las gotas de lluvia desdibujaron el rostro del hombre estatua arlequín convirtiéndolo en una caricatura infernal. Su dedo índice me señalaba el final de Las Ramblas. Un rayo iluminó un ventanal del Liceo donde se perfilaba una silueta sin rostro que, en un aspaviento fantasmal, me indicaba que continuase andando. Intrigada opté por descender por la emblemática calle barcelonesa que se mostraba desierta de vida. En el interior del café de la Ópera avisté extraños personajes degustando melindres en una atmósfera de tabaco y ecos de sociedad que se me antojó anacrónica. Descendía por las Ramblas persiguiendo furtivamente al arlequín quien desapareció en el “Pasaje de la Banca”. Me adentré en su busca, ni rastro del mismo y mi corazón en un puño. Junto al Museo de Cera en un estrecho callejón, un farolillo oscilante, guardián de un portón, invitaba a descubrir un bosque mágico poblado de hadas y personajes rescatados de una fábula. La tenue iluminación de sus velas le otorgan ese aire de misterio que activa de inmediato la imaginación y cautiva a todo aquel que se precie a rebasar la frontera de “El Bosc de les Fades”. Nunca averigüé si lo sucedido se trató, o no, de un sueño, pero sí se convirtió, desde entonces, en un lugar de ensueño y de visita obligada. Punto de partida para volver a empezar y dejarse llevar, lugar de inspiración para alimentar todos aquéllos sueños que hacen que la vida tenga sentido.
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Irene, lo raro es que en todo este trayecto por las ramblas, no te hubieran robado la cartera una docena de veces. Esa experiencia delectiva si que es "fabulosa". Un fuerte abrazo from me.
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