jueves, 16 de febrero de 2012
En las pequeñas cosas...
Lo cierto es que pocos negarán que hay motivos más que suficientes para coger una depresión cada vez que conectamos los informativos del telediario, por ello es mejor apagar el televisor o directamente no encenderlo. Crisis a todas horas, actualmente huelgas en Francia, protestas en la calle por esto o por aquello otro, todo vale, violencia doméstica, mortales accidentes de tráfico y descorazonadas catástrofes naturales. Más de uno se preguntará qué le queda positivo para enfrentarse a ese nuevo día. Sucede en todos los frentes y muchos son los que creen estar condenados a vivir una vida que no es la que les corresponde para ser verdaderamente felices. Abrigados por un desasosiego permanente y contagioso, se regocijan en un lamento recurrente y enfermizo. Pero el ser humano es sabio y posee, o debería poseer, un avituallamiento de supervivencia propio que le proporcione esa fascinante válvula de escape que le exima de sufrir más de lo necesario en cada una de las desazones con las que se tope. En las pequeñas cosas hallamos el placebo que nos otorga la capacidad de soñar y crear mundos paralelos al real que nos permita seguir creyendo que la vida merece la pena ser vivida plenamente, con sus obstáculos y con todas aquellas superaciones que van desterrando la negatividad que en ocasiones nos captura. Sí los soñadores lo tienen, lo tenemos, más fácil, sencillamente porque siempre hallamos la oportunidad en aquellos momentos desafortunados y ello nos honra y nos convierte, sin saberlo, en modelos a imitar, al menos para todos aquellos que nunca se dejan vencer por la adversidad y que, aun y acechados por la misma, continúan levantándose e impulsando a los demás para que también encuentren y recuperen la ilusión en todas y cada una de las cosas que van construyendo ese nuevo día. Recuerden que nuestra capacidad de recuperación es ilimitada y siempre, aunque no lo crean, todos tenemos la asombrosa capacidad para crear recursos que nos permitan seguir adelante, aunque sólo sea para construir aquellos sueños que nos hagan creer que probablemente algún día se hagan realidad.
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