jueves, 29 de marzo de 2012
Podría...
Aquel día decidí levantarme con denuedo en vez de lamentarme acerca del sueño que todavía me acunaba. Advertí que el cielo estaba cubierto de nubes en tránsito de color plomizo. Entonces supe que sólo de mi dependería cualquier elección que saliera a mi paso durante esa jornada y que ello ejercería un poderoso influjo sobre mi estado de ánimo. Pero lo más importante es que podría compartirlo con todo aquel o aquella que me topara y lo mejor de todo es que me beneficiaría de lo que el mundo me transmitiese. Mudé mi seria expresión por una más alegre y complaciente y me dirigí al trabajo. Podría quejarme acerca del mismo sin embargo agradecí primeramente el tenerlo y segundo todo lo bueno que mis compañeros me reportan día tras día. Podría ponerme nostálgica pensando en todo aquello que no pudo ser en el pasado, Dionne Warwick y su “Heartbreaker” sonando en la radio, sin embargo subí el volumen a su máxima potencia con katrina & the Waves y su “Walking on Sunshine” a pesar de estar diluviando en el exterior, un aura de luz en mi mirada por todo lo que sí se haría realidad en un futuro. Podría entrar con aires de derrota contando los días que restan para el fin de semana, pero no, disfruté del momento que me tocaba vivir y di lo mejor de mi persona a todos los de mi alrededor. Podría pensar que hace frío y lamentarme del mal tiempo, pero unos tímidos rayos de sol rasgaron la espectral cortina de negrura que coronaba la ciudad devolviéndole la vida. Repartí sonrisas, compartí bromas con mis compañeros y el mundo me pareció de pronto más fácil en un temporal de dificultades donde hay que sortear la displicencia de aquellos que viven peleados con la vida. Descubrí que la varita mágica que todo lo transforma está en nuestras manos, aquel día y el resto de los días y ahora, porque puedo y quiero, les deseo de todo corazón un felicísimo fin de semana donde absolutamente todo podría ser posible.
sábado, 24 de marzo de 2012
"Aunque no juzgue , será juzgado"
Sabido es desde tiempos inmemoriales que desde que el hombre existe este ha sido el enemigo más voraz de si mismo. La envidia que envenena su alma es el mayor de sus pecados. La maldad que se apodera de uno es repartida reiteradamente en pequeñas dosis entre sus semejantes. El hombre es destructivo, desconfiado y letal. Olvida que todo lo que siembra dará sus brotes tarde o temprano y puede que su cosecha termine por hundirle en la más aplastante de las miserias. Los hay que aún y juzgando y haciendo el mal siguen teniendo suerte en esta lucha de titanes que es la vida. Pero el tiempo acaba descubriendo a aquellos seres bondadosos que, lejos de sumergirse en la crítica gratuita, defienden a ultranza la condición humana. Quizás cuando uno ha sido víctima de críticas y ha sufrido en su piel el irremediable daño que provoca en su persona, es cuando aprende a ser consecuente antes de emitir alguna palabra que pueda herir al que vaya a recibirla. Desafortunadamente no todos, pero algunos sí aprenden a reestructurar su fondo, por el contrario otros perecen en el lodo de la envidia acumulando décadas de toxinas que terminan por destruir aquel brote de bondad que presuntamente todos tenemos en nuestro interior. Puede que toda esta colección de palitroques de alma de obsidiana desconozcan que existe una profecía que revela que todos aquellos que porfían su tiempo juzgando y diezmando los sueños de los demás tendrán la ocasión, algún día de sus largas vidas, de comprobar en primera persona todo aquello que condenaron. Seguro que todos en algún momento de nuestra existencia hemos vertido alguna desalmada crítica acerca de alguien, probablemente sin haberla meditado antes y en más de una ocasión sobre alguien a quien ni tan siquiera hemos tenido el gusto de conocer. Muchos ansiarían tener la vida de los otros que jamás llegarán a tener, por ello el hombre a menudo critica lo que en realidad desea. La envidia es la religión de los mediocres, los otros aprendimos la ardua tarea de tratar de comprender y ponernos en el lugar de aquellos que son señalados.
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