sábado, 24 de marzo de 2012
"Aunque no juzgue , será juzgado"
Sabido es desde tiempos inmemoriales que desde que el hombre existe este ha sido el enemigo más voraz de si mismo. La envidia que envenena su alma es el mayor de sus pecados. La maldad que se apodera de uno es repartida reiteradamente en pequeñas dosis entre sus semejantes. El hombre es destructivo, desconfiado y letal. Olvida que todo lo que siembra dará sus brotes tarde o temprano y puede que su cosecha termine por hundirle en la más aplastante de las miserias. Los hay que aún y juzgando y haciendo el mal siguen teniendo suerte en esta lucha de titanes que es la vida. Pero el tiempo acaba descubriendo a aquellos seres bondadosos que, lejos de sumergirse en la crítica gratuita, defienden a ultranza la condición humana. Quizás cuando uno ha sido víctima de críticas y ha sufrido en su piel el irremediable daño que provoca en su persona, es cuando aprende a ser consecuente antes de emitir alguna palabra que pueda herir al que vaya a recibirla. Desafortunadamente no todos, pero algunos sí aprenden a reestructurar su fondo, por el contrario otros perecen en el lodo de la envidia acumulando décadas de toxinas que terminan por destruir aquel brote de bondad que presuntamente todos tenemos en nuestro interior. Puede que toda esta colección de palitroques de alma de obsidiana desconozcan que existe una profecía que revela que todos aquellos que porfían su tiempo juzgando y diezmando los sueños de los demás tendrán la ocasión, algún día de sus largas vidas, de comprobar en primera persona todo aquello que condenaron. Seguro que todos en algún momento de nuestra existencia hemos vertido alguna desalmada crítica acerca de alguien, probablemente sin haberla meditado antes y en más de una ocasión sobre alguien a quien ni tan siquiera hemos tenido el gusto de conocer. Muchos ansiarían tener la vida de los otros que jamás llegarán a tener, por ello el hombre a menudo critica lo que en realidad desea. La envidia es la religión de los mediocres, los otros aprendimos la ardua tarea de tratar de comprender y ponernos en el lugar de aquellos que son señalados.
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