jueves, 9 de febrero de 2012

"Bendita autoestima"

Ardua supervivencia tiene aquel que carece de autoestima en el mundo de competitividad en el que vivimos donde si uno no se quiere lo suficiente es barrido de un plumazo de la faz de la existencia. Navegamos en un mundo donde es necesario poner el acento a las cosas si no queremos ser engullidos por nuestra beligerante sociedad. Las personas que se quieren mucho suelen salir a flote con gran facilidad de cualquier problema o afrenta con la que puedan toparse en su cotidianeidad. Su grado de estima es su verdadero manual de supervivencia, el mismo que le redime de muchos sufrimientos y complejos porque su poderosa arma emerge y le exime reiteradamente de miríada de incómodas situaciones. Adquirimos la autoestima en el seno familiar, de nuestros padres dependerá que nos enseñen la conjugación de actitud y superación en todos los frentes. Sin embargo quererse tanto tiene un arma de doble filo, ellos suelen ser tan perfeccionistas que nunca hallan a la pareja que les satisfaga completamente, ya que, sin saberlo, compiten con ellos mismos por buscar en los demás una personalidad igual que la suya. Querer, quieren pero siempre terminarán por ser infieles al resto consigo mismos. Sí estos excepcionales seres suelen hacer caso omiso de las críticas y desoyen consejos porque suya es la ley de la vida. Por lo general aquellos que gozan de una relevante autoestima suelen ser personas dotadas de gran personalidad lo que, por ensalmo, les convierte en personas que allí donde vayan suelen destacar por una aura luminosa que sólo ellos poseen a modo de envoltorio. Hacen gala, salvo excepciones y dejando de lado a los extremadamente narcisistas, de buen carácter y suelen repartir ánimos con aquellos con quienes se relacionan. Sus alforjas van harto sobradas de positivismo y saben que allí donde van siempre serán subrepticiamente y, muchas veces en silencio, los reyes de donde estén.

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